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Cripta Imperial de los Habsburgo | Austria


Los funerales de los Habsburgo fueron cuestiones muy elaboradas. La muerte se hizo “grande” en la vida cultural de los vieneses durante siglos, siendo celebrada con canciones, poesía y obras de arte. A día de hoy, los restos de aquellas celebraciones se pueden ver en forma de esculturas macabras diseñadas para inspirar piedad.

La muerte de un emperador o emperatriz fue un evento importante en la antigüedad. Como una de las principales dinastías reales imperiales de Europa, así como los emperadores del Sacro Imperio Romano desde 1438 y 1740, los Habsburgo gobernaron gran parte de Europa hasta su caída en la Primera Guerra Mundial.

Kaisergruft. Imagen: CONTROTONO (Roby)/flickr

Para muchos miembros del imperio Habsburgo, la muerte significó no solo la creación de un elaborado y hermoso sarcófago para la Cripta Imperial, sino también la elaboración de una urna de plata para preservar el corazón y de un relicario para contener las entrañas embalsamadas. Después del funeral, las tres partes del difunto se separarían para ser enterradas en tres criptas sagradas separadas.

12 emperadores, 18 emperatrices y otros 113 miembros de la familia Habsburgo están enterrados en la Cripta Imperial de Viena. La Cripta, también conocida en alemán como Kaisergruft, Kapuzinergruft, o “Cripta de los Capuchinos”, contiene 105 sarcófagos de metal. El más elaborado de ellos fue diseñado por el escultor real Balthasar Ferdinand Moll. El sarcófago doble rococó del emperador Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico y su esposa, la emperatriz María Teresa, se considera su obra maestra. La pareja real se encuentra en la parte superior de la tumba, rodeada de elaborados relieves que ilustran escenas de sus vidas.

Tumba de la emperatriz María Teresa. Imagen: Ikuko Wilson/flickr

Los corazones de 54 miembros de la familia real se guardan en urnas especiales en el Herzgruft, o “Salón del Corazón”, ubicado a unos pocos metros en la Capilla de San Agustín (Augustinerkirche), y las entrañas embalsamadas de príncipes, reinas y emperadores, se guardan en la Cripta Ducal debajo de la Catedral de San Esteban (Stephansdom) .

La Cripta Imperial fue originalmente pensada para contener solo los restos de la emperatriz Ana y el emperador Matías, quienes murieron en 1618 y 1619 respectivamente. Sin embargo, los emperadores posteriores expandieron la cripta en varias ocasiones a lo largo de los siglos para acomodar más restos reales. Primero fue el emperador Leopoldo I en 1657. Más tarde, en 1754, fue su hija la emperatriz María Teresa. Posteriormente fue el emperador Francisco José I de Austria en 1908. Los edificios fueron restaurados más recientemente en la década de 1960.

Tumba de Francisco José I de Austria. Imagen: Nick Moulds/flickr

El sarcófago del emperador Francisco José es el único hecho de piedra en lugar de metal. Está flanqueado por los ataúdes de su esposa Elisabeth y su hijo Rodolfo de Habsburgo. Fue el suicidio misterioso y trágico de su hijo (después de asesinar a su amante de 17 años de edad) en 1889 el que comenzó la trayectoria descendente del Imperio de los Habsburgo. Al morir Rodolfo, no dejó ningún heredero varón, por lo que la corona pasó de Francisco José a su sobrino, Francisco Fernando, cuyo asesinato en 1914 dio paso a la Primera Guerra Mundial. Carlos I, el heredero de Francisco Fernando, se convirtió en el último emperador del Imperio austrohúngaro.

Sin embargo, y como dato curioso, Francisco Fernando no está enterrado en la Cripta Imperial. Su lugar de descanso eterno es junto a su esposa Sofía en el Palacio de Artstetten, en Austria.

Imagen: Helen/flickr

Imagen: Kelsey Leung/flickr

Imagen: *lingling*/flickr

Imagen: Nick Moulds/flickr

Imagen: AnubisAbyss/flickr

Imagen: Morgennebel/flickr

La iglesia de Capuchin en Viena, Austria, que contiene la cripta imperial. Imagen: wikipedia

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